Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo.
Y Él es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo.
Y en esto sabemos que nosotros le conocemos, si guardamos sus mandamientos.
El que dice: Yo le conozco, y no guarda sus mandamientos, el tal es mentiroso, y la verdad no está en Él;
pero el que guarda su palabra, en éste verdaderamente el amor de Dios se ha perfeccionado; por esto sabemos que estamos en Él.
El que dice que permanece en Él, debe andar como Él anduvo.

1 Juan 2:1-6 (RV 1960)

La prueba más grande en nuestras vidas de que Dios nos salvó y de que conocemos realmente a Dios, es nuestra forma de vivir.

No quiere decir que nosotros nos esforcemos en ser buenos, ni que nos esforcemos en no pecar; la verdad es que no podemos. No hay nadie en el mundo que sea totalmente bueno o que no peque. (Como se aclara en Romanos 3:9-20). Pero lo que nosotros no podemos hacer, Cristo si puede hacerlo; Dios es totalmente poderoso para cambiar nuestras vidas.

Cuando recibimos a Cristo en nuestras vidas y el Espíritu Santo comienza a morar en nosotros, nuestra vida cambia. Nuestra vida deja de ser guiada por nosotros y la comienza a guiar Dios.

Si una persona realmente deja que su vida sea guiada por el Espíritu Santo, sus acciones y decisiones las realiza conforme a la voluntad de Dios. No porque esa persona sea “mas buena”, sino porque la obra la hace Cristo en él. La gloria siempre va a ser para nuestro Señor.

Si pecamos es por nuestra propia falta de fe y confianza en el Señor. Cuando hay tentación, en vez de orar, tratamos de no escuchar la salida que Dios nos da. Si queremos hacer nuestra voluntad todo el tiempo nuestra vida va a ser un desastre, es decir, regresamos a la vida que teníamos antes de conocer al Señor.

La gran diferencia entre una persona salva y una no salva es precisamente eso, la persona salva tiene confianza plena en el Señor y la persona no salva tiene confianza plena en si mismo y sus decisiones.

El obedecer los mandamientos de Dios es la consecuencia de ser salvos, NO su causa.

Como personas salvas, tenemos nada más y nada menos que a CRISTO como NUESTRO ABOGADO, cada vez que nos arrepentimos y volvemos a el Padre después de haber pecado. Cristo ya pagó el PRECIO por nuestros pecados y enfermedades y aún así se mantiene eternamente intercediendo por nosotros.

Ciertamente llevó Él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido.
Mas Él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre Él, y por su llaga fuimos nosotros curados.

Isaías 53:4-5 (RV 1960)

Y no solo eso, sino que también el Espíritu Santo intercede por nosotros en nuestra debilidad.

Así mismo, en nuestra debilidad el Espíritu acude a ayudarnos. No sabemos qué pedir, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos que no pueden expresarse con palabras.

Romanos 8:26 (NVI)

Que Dios te bendiga.

Google Buzz
Compártelo:
  • Print
  • Digg
  • del.icio.us
  • Facebook
  • Google Bookmarks
  • email
  • FriendFeed
  • HelloTxt
  • LinkedIn
  • Live
  • MySpace
  • PDF
  • StumbleUpon
  • Twitter